¿QUIÉNES NOS EDUCAN?
El miedo a expresarnos, la contaminación del planeta o el no Desarrollo Humano no aparecenpor azar...
¿Son cuestiones de Educación o Formación?
¿Aprendimos una definición equívoca de la Educación?
La Formación se puede planificar y auditar fácilmente, por ejemplo, con la reconocida evaluación internacional PISA.
Este sistema de la OECD apuesta a la capacidad de un joven (15 años) para utilizar sus conocimientos y habilidades en lectura, matemáticas y ciencias. La OECD afirma, que estos son claves para afrontar los retos de la vida real.
Recordemos que la Formación es también posible en solitario. Un autodidacta puede dominar su materia, sin embargo no saber como relacionarse con los demás.
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La Educación sin embargo no se puede planificar ni controlar, menos evaluar.
El proceso deviene permanentemente, sucede en todo momentos del «ser» humano con otros, espontáneamente o no. Es la internalización de de historias presentes y anteriores, el contexto que lo contiene.
Las personas nos hacemos en la convivencia: nuestra conducta emerge y se renueva con cada relación.
A diferencia de la Formación, la Educación es imposible en solitario. Un Educado puede no dominar una materia, pero saber como relacionarse con los demás.
Son concomitantes y recursivos, no por eso sinónimos.
Internalizamos formas de ser antes de poder nombrarlas.
Nos educamos con lo que nos antecede —del pasado y del presente— en cada vínculo que habitamos. Naturalizamos privilegios, jerarquías, modos de relación, creyendo que siempre fueron propios: el color de piel, la clase social, el lugar que ocupamos, mi voz que se escucha y las que no.
Aprendemos a ser, a estar a tener y a hacer en muchos espacios y momentos: en la calle, en la familia, en la Economía y además en la escuela. Incluso con un jefe que impone su forma de trabajar, con una publicidad que promete pertenencia, con una norma que ordena y otra que excluye. Todo nos educa.
A veces de manera imperceptible. A veces con violencia.
Cuando una maestra enseña contenidos, también educa. No solo por lo que transmite, sino por cómo se vincula, por lo que habilita y por lo que hace callar. Aun así, la responsabilidad institucional de la escuela sigue siendo la Formación. Este matiz no es menor: la Educación desborda a la escuela, la Formación no.
Entonces, ¿a qué nos referimos con transformar la Educación?
¿Quiénes deberían hacerlo?
¿Y por qué seguimos depositando esa expectativa casi exclusivamente en las instituciones educativas?


